lunes, 7 de mayo de 2012

Historias de rock de Marco López Aballay

Ediciones Inubicalistas, Valparaíso, 167 pp., Colección narrativa, 2012

Presentación de Gladys González
Unión de Artesanos, San Felipe, 05 agosto 2012

Historias de rock es el segundo libro de narrativa publicado por Marco López Aballay, escritor oriundo de la ciudad de Petorca, en la V región. En la mayoría de los cuentos presentados el narrador utiliza un imaginario oscuro y bien definido, que se acerca notablemente a la novela negra, ambientando la trama de los relatos en espacios cotidianos que se tornan a cerrados, viciados, trágicos, y otras veces fantásticos, pero no por esto totalmente irreales sino adyacentes a la corriente de la conciencia, tomando como referente geográfico principal la provincia de San Felipe y el tránsito por la ruralidad, y como motivo escritural transversal el rock.

El texto total pareciera tener como eje un solo argumento que va entrelazando los relatos, de distinta extensión, a lo largo del libro, construyendo un imaginario altamente visual que se podría analogizar a las características del cómic negro, particularmente a los personajes centrales que narran las acciones en las viñetas de Frank Miller, en donde el hablante en un constante, derrotado y carrasposo monólogo interior tiende a sentirse perplejo frente a las acciones de los personajes que coartan radicalmente sus propósitos, o que se muestra turbado, ante el descenlace de hechos inusitadamente espeluznantes, momentos en donde no se busca redención sino un estado neutro donde no hay paz sino un continuo que les permite avanzar y proyectar, simplemente, lo que son.
El libro logra traspasar experiencias sensoriales, olfativas y emocionales en cada historia gracias a la aguda descripción del escritor que llega a momentos memorables en algunos pasajes de los cuentos, siendo una totalidad que se acerca a un mundo límbico, en espiral, donde cada personaje fácilmente podría ser protagonista, mutando levemente sus características, de una sola gran historia central.

Estos elementos fantásticos que guían el ritmo narrativo del libro van sumándose con velocidad a medida que se avanza en la lectura de cada historia, delatando en las construcciones ideéticas una particular influencia borgeana donde predominan los espacios experienciales pero marcados, imaginados o concebidos por la psiquis y cavilaciones de los personajes, miedos atávicos, deseos irresueltos, necesidad de conocimiento de sí mismo por medio de la experiencia con alucinógenos, todos condicionamientos que sujetan al hombre desde los inicios.

En el prólogo de Adolfo Bioy Casares a la Antología de la literatura  fantástica de 1940, en la que participaban él, Ocampo y Borges, sintetizaba el espíritu ancestral de ésta de la siguiente forma:   

Viejas como el miedo, las ficciones fantásticas son anteriores a las letras. Los aparecidos pueblan todas las literaturas: están en el Zendavesta, en la Biblia, en Homero, en Las Mil y Una Noches.
Borges -como idea refuerzo a este planteamiento- expuso lo que sigue, en una conferencia sobre “La literatura fantástica” realizada en 1949 en Montevideo

Lo primero que encontramos en la historia de las literaturas, son narraciones fantásticas. Y, además, esto mismo ocurre en la vida de todos nosotros, pues los primeros cuentos que verdaderamente nos han encantado, son los cuentos de hadas.

Suele tildarse, erróneamente, al género fantástico como literatura de evasión, término que se refiere al contenido de una obra más que a la estructura formal[1]. Lo fantástico evoca una "especie de inseguridad o de inquietud que se produce en lo real, mediante la cual accedemos a la otra cara de lo real, a la surrealidad que determina y explica la apariencia de lo real" (Gálvez, Marina, pp. 145). Entonces, la lógica ya no es el único conductor para acceder a la realidad.
En el caso de Marco López -en una primera lectura interpretativa, aún- quizás utilice, resignificativa y, más aún, cosmopolitamente, la música rock como una construcción de deseo, proyección (in)consciente de modernidad y como vehículo conductor de sus cuentos como una reminiscencia literaria respecto al doble. En Borges y yo del libro El Hacedor (pp. 808) podría haber una respuesta a esto:

“Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán...; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario geográfico. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica... Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo... Yo he de quedar en Borges, no en mí... mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro. No sé cuál de los dos escribe esta página.”
 
Quizás entre Marco López y su narrador ficcionado exista una fuga similar, cediéndose espacio inagotablemente el uno al otro para existir.


[1] http://entretextosborges.blogspot.com/2010/03/temas-recurrentes-en-la-literatura.html

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