martes, 21 de septiembre de 2010

Ensayo

URDIMBRE, DE JULIETA MARCHANT
LOS LÍMITES DEL LENGUAJE, CIERTA ESCRITURA ANTICIPANDO A LA PALABRA, O UNA ESCRITURA DEL CUERPO
por Rodrigo Arroyo

El amor no se dirige jamás hacia esta o aquella propiedad del amado 
(ser blanco, pequeño, dulce, cojo), pero tampoco prescinde de él en nombre de la 
insípida abstracción (el amor universal): quiere la cosa con todos sus pre-dicados, su ser tal cual es
Giorgio Agamben (1)

          Al ver un conjunto de hilos formando una tela, una trama, es inevitable pensar en los hilos invisibles que toda poesía oculta en la escritura que exhibe; así, desde la imagen de una tela, que como diría Mario Perniola, repite los pliegues del cuerpo, es que intentaré armar una lectura de urdimbre de julieta marchant (ED. Inubicalistas 2009).

          “y nosotros con este lenguaje vano que no habita” (2)
          Creo preciso a partir de este verso y también, a propósito del título de esta presentación, pensar en urdimbre como una escritura que no implica una sintonía con la palabra. Mejor dicho, desde su lectura es posible advertir que julieta establece una diferencia, o quizá directamente una tensión entre lenguaje y escritura. Tal vez para explicar todo esto deba recurrir a Barthes cuando pregunta: ¿Qué es la escritura? (3) y parte de su respuesta es: “la lengua es como una naturaleza que se desliza enteramente a través de la palabra del escrito”. Allí entonces encontramos separadamente la lengua, la palabra y el escrito (4). Es desde esa división, que podemos apreciar también en urdimbre, que este libro logra asentarse y diferenciarse como proyecto poético. Además aquello que nos ofrece desde su escritura no está estructurado a partir de términos críticos, o bien relacionados con problemas o políticas del lenguaje (5) en forma directa. Lo que quiero decir es que esto es un libro de poesía, no uno de teoría. La presencia de este libro, o parafraseando a Blanchot: su presencia por venir, pertenece al espacio poético, pero ello no implica que los hilos que forman la tela puedan ser distintos; logrando matices que van desde la lucidez teórica a un trabajo de mayor influencia estética, de forma, aunque más que matices quizá el trabajo estético nazca de un subjetivismo profundo que transita o coexiste junto a una realidad o contexto histórico –social (6); siendo esto, claro, una forma de preguntarnos ¿Cómo nos hacemos cargo de una realidad, de una experiencia?
          Es inevitable tal vez pensar en los límites del lenguaje (7), al recordar aquello que señalara Marta López Gil: “Estos límites (los límites del lenguaje, cómo no) señalan el delicado balance entre los afectos y las palabras, es decir, entre lo simbólico y lo semiótico”. Así, el epígrafe de Agamben que abre esta presentación nos hace pensar en que la división que surge entre lengua palabra y escrito se puede resolver desde lo amoroso. Desde el deseo (sin pensar por esto, el deseo y lo amoroso como una misma cosa) quizá; estableciendo un vínculo con Derrida, pues en él la huella es en cuanto palabra. Ahora, el origen de la palabra es en cuanto deseo y el deseo a su vez nos hace estar vulnerables ante esa huella, ante esa escritura del cuerpo y no sobre o desde el cuerpo. Y esta resolución amorosa distante al ordenamiento en torno al canon es quizá una forma hallada por julieta para señalar a urdimbre como escritura femenina.
          Y ya que hablé de un proyecto que ha logrado diferenciarse, quizá deba partir fijándome en el concepto de differentia (término latino) en Derrida, porque en él implica dos razones. Una temporal que tiene que ver con lo retardado, lo diferido; y otra espacial que tiene que ver con distancia, con espaciamiento. Digo que puede ser útil fijarse en ese término porque desde el distanciamiento de otras escrituras es que ésta se transforma en una escritura sin presencia, ausencia, historia o causa. Una escritura sin lugar, lo que le permite alejarse de ser ella misma una representación. Transformándola en toda tensión, toda naturaleza deslizándose desde el escrito hacia un mundo construido a partir de otras escrituras, experiencias o hechos históricos. Y es desde la inclusión de otras escrituras, en las citas –y no epígrafes- que componen este libro, que se produce el distanciamiento. julieta exhibe los límites. Y la distancia principal es paradójicamente, aquella que mantiene respecto a la escritura femenina. Porque urdimbre deja ver, o da cuenta de la imposibilidad de establecer una voz, un discurso de lo femenino. Así entonces, toman otro sentido un par de versos de Sylvia Plath, pertenecientes a El coloso: “nunca podré reunirte íntegramente/ juntar las piezas, pegarlas, unirlas bien”. Si bien el poema de Plath alude a su padre acá podríamos hablar, recién a partir de ahora digamos con mayor profundidad, de lo femenino; porque ello es parte importante, pero no lo único, de esa naturaleza que se desliza a través de la palabra del escrito. Pero vuelve a aparecer la tensión, porque la voz de los textos no es sólo parte de una escritura femenina, no. julieta tensiona el discurso femenino (feminista) y desnuda la precariedad o agresividad del discurso hegemónico; y digo que tensiona el discurso femenino, por ejemplo, porque toma distancias de arquetipos de escritura femenina; sin por ello, dejar de lado ciertas prácticas ligadas a lo femenino en la tradición literaria y visual, que aluden a una tradición occidental que ha establecido metáforas del cuerpo o lo ha transformado a este, en un conjunto de significantes. Me refiero a la espera, la costura, y la presencia de una ausencia masculina. Creo así que un gesto importante de lucidez radica en el hecho de no adoptar las líneas de cierta gestualidad corporal o de una relación con el cuerpo –femenino– propio o ajeno que la conviertan –a esta escritura– en parte de una tradición de la cual no pueda escabullirse; y con esto me refiero a la alusión al cuerpo femenino, a la sexualidad, o lo performático, entre otras cosas. Podemos desde allí pensar en cierta escritura que desea liberarse. Y desde esa liberación creo pertinente entonces, guardando las proporciones, coincidir en aquello que W. H. Auden (8) escribió: que es necesario aplicar nuevas formas estilísticas (se entiende que desde la crítica o la lectura) cuando quien escribe entrega de igual forma nuevas formas de experiencia; o posibilidades de nuevas formas. En este caso, estas nuevas formas de experiencia aparecen tal vez cuando leemos este libro como una operación política (sin auto enunciarlo) al intentar cierta crítica, o relectura personal de un proceso, de todo un movimiento; que es, entre otras cosas, la escritura femenina, de la cual es parte también. Será entonces, como planteaba Ashbery (9): seguir en la tradición –escribir ya lo es- no es lo mismo que caer en convencionalismos. Insisto, tensiona un discurso feminista también, de corte más radical, al no escribir diferente sólo porque así sea posible confrontar el lenguaje del patriarcado. Escribe diferente, porque el origen de su diferencia no está en una causa de género. Creo además que las constantes tensiones presentes en el libro, le otorgan un vértigo que nos remite al pálpito de la palabra, o quizá sea aquello que Celan decía al recibir el premio Büchner (10): que toda sentencia debe llevar una sombra en sí, todo sí tiene un no en sí mismo.
          Ahora bien, respecto al otro sentido de la diferencia, el de lo retardado, de lo diferido.
          Ya distanciada espacialmente, es decir sin lugar. Sin afuera y sin adentro; fuera de los límites de la representación; creo que lo diferido radica en la porfía, aún ahora, en el tema identitario, americano o de género, porque da cuenta que hay procesos pendientes, que es posible aún sembrar interrogantes sin cosificar la otredad. Cosa que urdimbre jamás intenta, he ahí quizá cierta razón de la tensión, que coincide con el sujeto amoroso de Barthes. Quien nos señalaba que la locura literaria ha consistido en yo soy otro; pero como sujeto amoroso, soy sólo sujeto. He ahí entonces una distancia a la locura literaria, y a la otredad. Y dicho sea de paso, al entrar en lo americano, podemos entender a urdimbre como señalando que parte de la crítica a una construcción sociopolítica es la alusión a la conquista española, pero no con la intensión de dar cuenta o rememorarla; pues al incluirse en el relato se diluye el antagonismo sociopolítico y cultural (11) entre colonizadores y colonizados. La ficción del sujeto que habla nos hace perder el relato y lo aleja de lo histórico. Lo mismo ocurre con la literatura, acercándose así, a esa historia de la literatura propuesta por Valéry: la historia de un espíritu, una naturaleza en este caso, que consume y produce literatura (12) exhibiéndolo sutilmente en los poemas. Sólo como naturaleza quizá.
          “Los mapas serán recordados por lo que les falta” (13)
          ¿Qué será lo que falta en un mapa incompleto?
          En un mapa lo que falta es aquello que no deja huella, un susurro, que sí puede dejar huella de su pisada, a través de las palabras que están fijas en la página, como territorios en un mapa. Insisto, julieta parece insinuarnos que lo que ha de quedar para el recuerdo no es sino un susurro. Ahora bien, el territorio al cual aludiría el mapa es un paisaje que aparece como enunciado de lugar; un lugar despoblado, vacío si se quiere. Sin mayor relación que la de su nombramiento; un descampado; del mismo modo todo esto nos indica que a contrapelo el libro nos dice, susurradamente quizá, que no hay clasificación de lo otro, que lo femenino es sólo un acercamiento a una naturaleza basada en la duda.

          “ráspame, huéllame, acábate” (14)
          Dice julieta en urdimbre, Tu cuerpo es un campo de batalla” (Your body is a battleground) dice el texto de una serigrafía de la artista visual estadounidense Barbara Kruger, escrita sobre un rostro de mujer. Mientras, en los poemas de urdimbre julieta exhibe las huellas del propio cuerpo a la vez que mantiene indefinida una presencia masculina que aparece y desaparece recordándonos el mito de origen de la pintura de Plinio el Viejo; o siendo tal vez aquello una metáfora para señalar en forma definitiva la diferencia como el lugar de origen de su escritura; sin por ello caer en discursos de género o de exclusión. En hablar de márgenes y descentralizaciones.
          Al leer este libro, ya que he hablado de límites pienso inmediatamente en el cuerpo y el lenguaje, y no sólo en el cuerpo diciéndonos de su desgaste como materia, o en la borradura entre la escritura como producción y la lectura como recepción. “lo que te muestro con las manos es pura ausencia” dice julieta, como Kristeva, queriendo decir del sujeto: el cuerpo que habla, o cuerpo parlante. Haciéndonos pensar en qué será aquello que nos dirá la ausencia.
          Creo finalmente que la búsqueda de aquella naturaleza que se desliza en este libro nos deja una pregunta dando vueltas ¿Qué sabe el cuerpo de la palabra?



Valparaíso, primavera del 2009

Notas
1.-AGAMBEN Giorgio, La comunidad que viene, ED. Pre-Textos, Valencia 1996, La Comunità che viene, Trad. José Luis ViIlacañas y Claudio La Rocca, Pp. 10.
2.- Dado que los poemas no poseen título, daré su número de página. Poema Pp. 120
3.- BARTHES Roland, El grado cero de la escritura, ED Siglo XXI Editores, México DF 2006, Le degré zéro de l’écriture, Pp. 17. Parte I del Grado Cero de la Escritura.
4.- Pensando el escrito como la singularidad de una escritura
5.- LYOTARD Jean Francoise, La Condición Posmoderna, ED. Cátedra, Madrid 1994, Trad. Mariano Antolín, La Condition postmoderne, Pp. 28. El problema del lenguaje no es el contexto en el cual cae, sino más bien bajo el cual éste se revela. Así, resulta interesante que sea en la poesía donde se revelen estos temas, y no sólo pensando en que el lenguaje poético posea alguna condición particular para ello, no. Lo digo pensando en que le sirve como extensión o referente ajeno a la propia poesía.
6.- LUKÁCS, György, ¿Franz Kafka o Thomas Mann?, Ediciones del Subsuelo, Curicó 2009. Pp. 20. Del libro, La significación actual del realismo crítico, Ediciones Era S.A., México DF, 1963. “surge ese salto dialéctico que pasa justamente de la profundidad más auténtica de la esencia subjetiva interior a la esencia objetiva de la realidad histórico-social de la época”
7.- LÓPEZ Gil Marta, El cuerpo, el sujeto, la condición de mujer, ED. Biblos, Buenos Aires, 1999. Pp. 173. “El propósito de Kristeva es relacionar el mundo material y el cuerpo con el lenguaje sin caer en la representación(…) El cuerpo es más que material y el lenguaje no se refiere a sí mismo solamente.”
8.- W. H. Auden dijo esto a propósito de Adrienne Rich, en el prólogo de: A Change of World. Primer libro de Rich premiado –por Auden- con el Yale Young Poets Series.
9.- También a propósito de Adrienne Rich
10.- Este es el discurso del poeta Paul Celan, a propósito de la concesión del premio Georg Büchner Darmstadt, instituido para honrar en vida a los principales creadores literarios de la lengua alemana
11.- Ver Culturas Híbridas, de N. G. Canclini
12.- CERDA Martín, La palabra quebrada. Ensayo sobre el ensayo, Tajamar Editores, Santiago 2005. Pp. 93. Dice Cerda: “Esa historia –precisaba Valéry- podría ser escrita sin mencionar siquiera el nombre de un autor, ni el título de una obra.
13.- Poema Pp. 87
14.- Poema Pp. 79

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