viernes, 19 de marzo de 2021

PÍCARAS MUJERES

Reseña al libro La Sota, Crónicas de un Barrio Rojo, de Luis Luchín Gutiérrez, Ediciones Inubicalistas, Valparaíso, Chile, 2016, (160 pp.)

 

El escritor y amigo Felipe Moncada, editor de Inubicalistas, me regaló este libro: "La Sota, Crónicas de un Barrio Rojo" del fallecido autor Luis Luchín Gutiérrez, con el que he pasado un agradable momento de lectura. Puedo decir que es un libro escrito en clave crónica, con 25 capítulos, algunos de los cuales también funcionan como cuentos. Varias veces me pasó que quedé con ganas de leer más sobre el desenlace de las historias y en conversaciones con Felipe Moncada, Claudio Maldonado y Silvia Rodríguez, algunos de los amigos escritores que tengo en Talca y que conocieron a Luchín, les manifesté mi opinión, respecto que el libro es muy entretenido y útil a la hora de conocer una parte de la historia de esta ciudad, que difícilmente aparece en los libros de Historia. 

Para comenzar, respecto de la figura de Luchín Gutiérrez, su estilo despreocupado para escribir, es debido a que el finao era obrero y no escritor, digamos escritor de profesión, si no que más bien era escritor por intereses personales y autodidacta, lejos de escribir para la academia, lo que hace que su pluma sea idéntica a su habla coloquial, tal y como él conversaba y se expresaba, lo que hace de la lectura muy amena, simpática y graciosa, hasta por momentos chistosa, por los giros lingüísticos que tiene el habla popular, como nos gusta a los nietos de Parra. Esto lo pude comprobar al ver el documental "La Sota" del realizador Hugo Villar, con dirección de Francisco Bravo, en el que se puede ver a Luchín Gutiérrez contándonos la historia resumida de La Sota en primera persona y visitando las ruinas de lo que fue, junto con otros entrevistados como el escritor local Bernardo González, o el ex dueño de un salón de baile que llevaba su nombre: Juan Varela, también con la voz en off del escritor Claudio Maldonado.

Entrando al grano, La Sota es el nombre popular del barrio rojo que existió en Talca desde mediados del siglo XX, hasta aproximadamente los años 80. Era una época de pleno auge económico industrial de esta ciudad, que tuvo un pasado esplendoroso, lo que se puede ver en fotos de las antiguas calles con lujosos palacetes, hoy casi todos en ruinas por el cambio económico y los continuos terremotos que han azotado el Chile de la zona central. Es interesante para mí, que soy sureño y estoy instalado en Talca desde el año 2018 por razones laborales, conocer el pasado glorioso de una ciudad, que hoy en día es más bien tranquila y que en su momento gozó de una inmensa fuerza productiva, llegando a instalar el dicho: "Talca, París y Londres", en esa arribista y eurocéntrica forma de mirarse a sí misma que tuvo y tiene la decadente pseudo aristocracia chilena de la zona central, que magistralmente se describe en la novelas de José Donoso. Como importante barrio rojo que fue, La Sota debe su nombre a que en Talca las calles están nombradas de acuerdo a su numeración norte sur y oriente poniente, entonces esta calle a una cuadra de la estación de trenes es la 10 Oriente, pero mejor dicho es La Sota en el hablar popular, haciendo referencia a la carta del naipe español número 10.

Cuentan que Luchín vendía su libro mano a mano a lo Pablo de Rokha, en una edición artesanal, que él mismo confeccionaba y que hoy es objeto de culto y colección, y que Ediciones Inubicalistas, haciendo gala a su nombre, publicó con variadas correcciones. Me queda la impresión que este trabajo etnográfico literario que hizo Luchín Gutiérrez da para obtener de él varios productos como por ejemplo una novela a la manera de Hernán Rivera Letelier ya que muchas historias inconclusas y entrecruzadas dan para que el lector quiera saber más de lo qué pasó con personajes entrañables, por ejemplo: memorables peleas a muerte a cuchillos por una mina, que luego se transformaron en innumerables animitas, por lo que dicen los paisanos, todavía en ciertos recintos penan los muertos. Historias de incontables Pícaras Mujeres como la Paraguay o la Tetera Caliente, según el autor se refiere a las damas que ejercieron la prostitución en este barrio. Al Tuerto Simón y el Choro Damián. Historias de cafiches y cabronas, que hicieron de La Sota una verdadera cultura de las noches talquinas.

En el libro, también se narran las desventuras de diferentes personajes que vivieron y deambularon por Talca y su barrio rojo, que no tuvo nada que envidiarle en glamur a la mítica 85 de Medellín o al barrio rojo de Ámsterdam, (según me han contado). Cuenta la historia de cafiches y campanilleros cuyo trabajo era estar atento al paso de la policía. De connotados locales nocturnos como el famoso Zepelín o el Apolo 11. Mención aparte merece la crónica sobre la Jaula de las Locas, seguramente llamada así por la película francesa La cage aux folles de 1978 y que narra la historia de una casa de remolienda donde se ofrecían solamente servicios homosexuales. Del proceso de pavimentación y sus respectivos romances entre los obreros de la contru y las chicas que salían a tomar el aire escasas de ropa en pleno verano. Del curita Guido Lebret que murió atropellado por el tren y que tenía un hogar para rescatar a las chicas del mal vivir o que estaban acogotadas con deudas con cabronas y cafiches.

No vamos a discutir sobre la legitimidad de la prostitución y los derechos laborales de las mujeres, ya que incluso dentro del mismo movimiento feminista es un debate, entre feministas liberales que opinan que la mujer es libre de hacer con su cuerpo y belleza un negocio si así lo quieren y las feministas radicales, que opinan que la prostitución y pornografía son dispositivos del patriarcado y deben ser abolidas. No podemos cambiar la historia y cada opinión es respetada, pero lo cierto es que el mismo Luchín nos cuenta en el libro, que muchas mujeres no tenían otra cosa que dedicarse al comercio sexual, pues la educación era un lujo de patrones en una zona típicamente hacendal, donde el patronaje se replica en instituciones y lógicas empresariales, en mentalidades y costumbres de sociabilidad heredadas de la antigua Encomienda de Indios y Merced de Tierras que impuso el español en tierras libres y que con el auge económico del desarrollo industrial de Talca, La Sota se transformó en uno de los lugares más emblemáticos de la bohemia nocturna del Chile de la primera mitad del siglo XX.

Entre los elementos más destacados podemos mencionar que fueron más de 30 locales que funcionaron en 3 cuadras del centro de Talca con nombres emblemáticos como El Cara E' Caballo, El Marta Rusia y El María Pollo, y que tuvieron clientes que venían de sectores lejanos de la región como Curicó, Linares y Constitución. Incluso la fama de la Sota era tal, que llegaron chicas de Brasil a ejercer la polémica profesión y en materia musical, en el local de Juan Varela cantó el mismísimo Luisín Landaez, cantante venezolano de cumbias, cuya famosa interpretación de la canción Macondo, del autor peruano Daniel Diez, lo llevó a realizar giras por Colombia, Ecuador, Perú y Chile, radicándose aquí y cuyos éxitos también incluían La Piragua y que según entrevista a Juan Varela en el mencionado documental sobre La Sota, el hombre no se quería ir pues se había embalado con la belleza de las chicas y tuvo que venir su manager a buscarlo y que era número obligado en el Festival de la Una.

Me gustaría referirme al libro La Sota (Encanto y Pecado, en la versión artesanal que vendía el autor) como un documento histórico sobre la ciudad de Talca y la Región del Maule, pues en sus últimas crónicas nos cuenta sobre el declive económico que llevó a la región a cambiar su matriz productiva con las reformas neoliberales realizadas en el contexto de la dictadura de Pinochet, que condujo al cierre de importantes sectores productivos como la industria de cuero y calzados, la industria agropecuaria del trigo especialmente, y la ganadera que aunque todavía se celebra la Fiesta del Chancho Muerto, ya no es lo que fue en su época. Todo esto vino a terminar por transformar la economía regional a exportación de vinos, frutas y maderas, con las sucesivas depresiones que azotaron la región después del cierre del tren y los terremotos del 85 y el 2010. Pero principalmente con el toque de queda que impuso la dictadura en la época del terror de Pinochet, en que toda actividad económica nocturna se vio clausurada abruptamente y varios parroquianos y dueños de burdel pasaron a las listas de detenidos aparecidos y desaparecidos. Sin olvidar el último desastre económico para la zona, cuando Piñera se robó el Banco de Talca, que puso punto final a la industria regional. Parece ser que esta ciudad varias veces ha sido epicentro de importantes hechos históricos como la Batalla del Maule en que el pueblo mapuche y sus ejércitos detuvieron el avance del Inca y fijó en el río Maule el límite sur del Tahuantinsuyo antes que lleguen los españoles. O cuando en Talca se detectó el primer caso de Coronavirus en Chile o en el hospital se cambiaban las guaguas.

Lo cierto es que La Sota podría servir también como fuente de un estudio musicológico, pues en sus clubes funcionaron varias bandas en vivo de diversos estilos musicales como la cumbia, el son y el corrido, sin olvidar la cueca del cojo Malaquías Valverde que dejaba la tendalá a la hora del zapateo ya sea en pisos de tablas o cerámica porque tenía una pata de palo. Siempre antes de la llegada de los instrumentos eléctricos y la irrupción de la música Disco y las discotecas, donde nuevas generaciones comenzaron a relacionarse de otra forma y distinguirse de las costumbres evidentemente machistas de una sociedad en la que el cuerpo de la mujer se utilizó como moneda de cambio para el placer y lujuria principalmente en beneficio de hombres con dinero. En ese sentido la herencia del patriarcado no ha terminado, solo ha cambiado el formato, pues la prostitución después del declive de las casas de huifas se las arregló para seguir funcionando a través de la prensa local y luego por internet, pues como dicen los teóricos, el capitalismo se adapta como un líquido a sus nuevos envases y extrañamente, en el libro La Sota, y tras comprobarlo con horror con expertos en el tema, los líquidos alcohólicos que circulaban en tales antros no eran muy católicos y muchos de ellos eran fermentados con caca y animales muertos.

Hoy las calles mencionadas están llenas de peluquerías y talleres mecánicos y las casas habitadas por inmigrantes venezolanos, haitianos y colombianos, que le han dado otro color, olor y sabor a la alicaída ciudad.

La Sota, Crónicas de un Barrio Rojo es una lectura amena y divertida, más allá de la tristeza de las pícaras mujeres y la impunidad de los cafiches y cabrones, funciona como libro de Historia, documento y fuente para estudios sociales y musicológicos y está escrito en una prosa sabrosa y desprejuiciada, que ya se la quisieran muchos de los escritores que la venden barata y quieren quedar bien con la academia y lo único que logran es quedar mal con el lector.

 

Persus Nibaes Talca, 11 de marzo del 2021, en homenaje a Luchín Gutiérrez (1942-2017)





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