Presentación de Santa Victoria (Inubicalistas, 2017), de Ricardo Herrera Alarcón
Por Luis Riffo
Por Luis Riffo
Haciendo
uso de información privilegiada (aunque en este caso no rinda rédito económico
alguno, pero sí el regocijo de disponer de ciertas claves para amplificar el
sentido del texto), me propongo en estas pocas líneas señalar algunos aspectos
del texto de Santa
Victoria (Ediciones Inubicalistas, Valparaíso, 2017)
relacionados con ciertos correlatos que un purista consideraría inapropiados,
como aspectos biográficos del autor y sentimientos encontrados del lector.
En primer
lugar, debo aclarar que estoy aquí en mi calidad de amigo del poeta y en esa
condición me he propuesto la tarea de evitar los epítetos laudatorios respecto
del texto y del poeta. No quiero decir con esto que no los merezcan, sobre todo
el texto, aunque también el autor en alguna medida, pero justamente lo hago por
el afecto que le tengo y más aún en consideración de su radical desconfianza
respecto de las opiniones elogiosas, frente a las cuales siempre ha prevalecido
esa cuota de duda obsesiva que es el síntoma de una escritura que subsiste,
pese a su pasmosa invisibilidad, en los rincones más alejados de este reino del
fin del mundo. Por eso prefiero que el frío bisturí crítico se contamine con la
emocionalidad de un lector sureño para abrir algunos senderos en el paisaje que
Ricardo Herrera reinventa con el nombre de Santa Victoria.








